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Hubo un tiempo en que conducir era libertad. Tener un coche significaba escapar, improvisar, decidir una ruta, perderse en una carretera secundaria, llegar tarde porque uno quiso parar a mirar el mar. Durante más de un siglo, el volante fue un símbolo de autonomía individual. El ser humano al mando de una máquina. La carretera como promesa de independencia. Pero quizá dentro de unas décadas ocurra algo extraño, casi humillante: conducir manualmente ya no será un gesto de libertad, sino una señal de pobreza.
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Hace 3 horas • Episodio 705
Conducir manual: ¿señal de pobreza o libertad?
Hubo un tiempo en que conducir era libertad. Tener un coche significaba escapar, improvisar, decidir una ruta, perderse en una carretera secundaria, llegar tarde porque uno quiso parar a mirar el mar. Durante más de un siglo, el volante fue un símbolo de autonomía individual. El ser humano al mando de una máquina. La carretera como promesa de independencia. Pero quizá dentro de unas décadas ocurra algo extraño, casi humillante: conducir manualmente ya no será un gesto de libertad, sino una señal de pobreza.
La frase suena provocadora, como el arranque de un capítulo de Black Mirror: en un futuro de movilidad autónoma total, los ricos ya no conducirán. Serán transportados por vehículos silenciosos, coordinados, asegurados por algoritmos, conectados a ciudades inteligentes y autorizados a circular por carriles preferentes. Mientras tanto, quienes no puedan pagar esa transición seguirán conduciendo coches antiguos, con volante, pedales y margen de error humano. Y entonces el acto de conducir dejará de verse como una habilidad para convertirse en un riesgo social.
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